MOVILIZACIÓN A BARRANCA (agosto 15, 16 y 17 del 2001)

Declaración fundante
Movimiento de Mujeres contra La Guerra

La Ruta Pacífica de las Mujeres y la Organización Femenina Popular centran su propuesta de convergencia del MOVIMIENTO DE MUJERES CONTRA LA GUERRA , en un planteamiento de resistencia, que se traduce en la movilización solidaria, a través de acciones de resistencia civil no violenta, mostrando que somos más que miedos.

Entendemos la renitencia no violenta como una manera de no claudicar en nuestras prácticas sociales y políticas, nuestro ser apuesta es también una actitud y aptitud de vida por la vida. Es hacer actos que rechazan la guerra. Actos de desobediencia civil contra toda violencia. Es reivindicar el derecho a no ser parte de ninguno de los bandos enfrentados, incluyendo los sectores de las fuerzas militares del Estado que han tenido gran injerencia en la exacerbación de los conflictos al estimular y legitimar, causantes del mayor número de asesinatos de civiles y desplazamientos.

Con la no violencia buscamos neutralizarlos efectos de la guerra sobre las mujeres y la población civil en general. La resistencia no violenta es un acto político subventor colectivo y activo que tiene la capacidad de exorcizar el miedo que paraliza. De esta manera la resistencia es uno de los instrumentos fundamentales de movimiento por la paz.

Promovemos y apoyamos la propuesta civilista que propugna un aprendizaje de la convivencia democrática, que opta por la palabra como vía privilegiada para el tratamiento de los conflictos, que permite canalizar y desatar las fuerzas creadoras de lo político, lo social y lo cultural.

La alianza Ruta Pacífica de las Mujeres-Organización Femenina Popular propone el cese al fuego multilateral esquema que posibilite el más ágil desarrollo de la agenda de negociación. Este debería contener un acuerdo global humanitario, que se base en el respeto a los derechos humanos y al
derecho internacional humanitario e incluya asuntos específicos que caracterizan la guerra colombiana, tales como las violaciones a las mujeres, el reclutamiento de mujeres y hombres menores d los diferentes ejércitos, el uso de pipetas de gas para bombardear poblaciones y las fumigaciones. El Estado colombiano autoriza las fumigaciones violando los derechos humanos de colombianas y colombianos.

Las mujeres desde nuestra postura autónoma planteamos que ningún actor armado puede hablar a nombre del pueblo, ni representar nuestros intereses. Nos asumimos como parte de la sociedad civil autónoma de los actores armados de una agenda global para la reconstrucción del país.

La agenda de las mujeres debe ser incluida como eje transversal de las soluciones que necesita Colombia. Pero no nos podemos quedar paralizadas esperando los resultados de las mesas de negociación o de los diálogos nacionales o regionales

Se torna urgente para nosotras subvertir la cultura de la violencia desde el lenguaje y la palabra, en mujeres espacios familiares, laborales, sociales y políticos. Todo ello pensando en las generaciones que siguen, para formar niñas y niños no violentas, desarticulando en las mentalidades infantiles y juveniles el espíritu guerrero.

Desatando los hilos de la vida, la cultura y la política tejeremos puntada tras puntada los vestidos no violen adornarán las mujeres y hombres del presente y del futuro.

Por ello mantenemos en alto nuestra consigna "No queremos parir hijos e hijas para la guerra" - Así esta quien la nutra. Las mujeres nos declaramos en resistencia civil no-violenta y rechazamos tener que entregar los hijos para el servicio militar obligatorio.

Hemos promovido que las mujeres realicen actos simbólicos en la ceremonia de entrega de armas a nuestros hijos: en vez de armas, entregarles flores. Las mujeres deben llenarse de argumentos y persuadir a sus hijos para que no se involucren con los actores armados, ni la guerra.

También la Organización Femenina Popular y la Ruta Pacífica de las Mujeres proponemos que hombres y compartan por igual el cuidado y la crianza de la prole. Que participen por igual en actividades sociales y políticas, lo que significa transformaciones fundamentales en lo público, en la organización de la producción, en lo que se entiende por trabajo y en la práctica ciudadana.