Ruta Pacífica de las Mujeres
en búsqueda de la paz 10 años por la verdad, la justicia y la reparación
La idea de acompañar el dolor de las mujeres de la Urabá que se desangraba fue el primer asomo de la Ruta Pacífica en 1995. La propuesta de las mujeres de la Casa de la Mujer de Bogotá, la Escuela Nacional Sindical y la CUT, era hacer un viaje hasta allá para abrazar a cada una de las mujeres que sufrían. Efectivamente, en 1996, luego de conocerse que 95% de las mujeres de Apartadó (1) habían sido violadas, la idea de visitar la región tomó fuerza. Diversas organizaciones de mujeres la hicieron realidad el 25 de noviembre de ese año en conmemoración del Día internacional de la no violencia contra las mujeres.
Unas mil mujeres, en ejercicio de su soberanía individual y política, se movilizaron desde todos los puntos cardinales del país, se tomaron la vía al mar y en caravana llegaron a Mutatá (2), corazón del Urabá antioqueño para abrazar a sus hermanas que sufrían en silencio la vergüenza de la guerra. Mutatá se convirtió en el escenario del más espectacular rito de iniciación y solidaridad nunca antes visto.
La resistencia civil de las mujeres había comenzado como forma de organización social y se empezaba a tejer un movimiento donde cabían los sueños de paz de todas: indias, negras, ancianas, jóvenes, feministas y obreras, entre muchas otras. Un acto de fundación sellado con un ritual colectivo donde el amor y el compromiso con la vida, el respeto a las diferentes culturas, lo místico y lo mundano tuvieron cabida.
La ruta pacífica de las mujeres por la resolución política de los conflictos, surge en un contexto de violencia generalizada en el país, como una propuesta feminista de cara a la crítica realidad del conflicto armado colombiano y su impacto en la vida de las mujeres. Nace con la voluntad indeclinable de rechazar la guerra y la violencia como estrategia para tramitar los conflictos públicos y privados.
Lo simbólico entró a revolucionar el lenguaje político tradicional y la Ruta optó por el pacifismo y el feminismo. De la neutralidad activa pasó a un no contundente a la guerra y hacia un pacifismo radical. Es así como en un encuentro sobre neutralidad activa realizado en Cartagena en 1997, la Ruta Pacífica acogió las banderas de Martín Luther King y Ghandi (3). Este pacifismo feminista es una toma de posición que no le hace ninguna concesión a la guerra. Más bien propone diálogo político, salidas no violentas y el fin del militarismo. Plantea una propuesta política que interrumpa la guerra y las relaciones de fuerza e incida en lo privado, lo público, y en el cuerpo de las mujeres.
Son conocidas sus consignas de “No pariremos más hijos para la guerra” y “El cuerpo de las mujeres no es botín de guerra”, en tanto que para las mujeres en las zonas de conflicto armado, la situación no sólo tiene que ver con la confrontación armada entre los diferentes actores, guerrilla, militares y paramilitares, sino también con el abuso sexual, el maltrato físico, el chantaje y la presión a que son sometidas por los diferentes actores del conflicto. En Colombia, al igual que en otros países que han vivido la guerra, la violencia sexual contra las mujeres es utilizada como arma de guerra, como una manera de deshonrar al enemigo o como un trofeo.
El 17 de noviembre de 1997, las mujeres de la Ruta se movilizaron hacia Andes (4) en el suroeste antioqueño, esta vez con la muñeca como símbolo, la amiga, la otra. Con la convicción y el deseo de conjurar las fuerzas de los armados, decenas de muñecas gigantes quedaron instaladas en la plaza de Andes como testimonio de solidaridad y paz.
El nacimiento del pacifismo feminista en Colombia impulsó a la Ruta a convocar el Cabildo Internacional de Mujeres por la Paz, el 25 de noviembre de 1997 con la participación de mujeres de todo el mundo para conocer experiencias de países que habían vivido la guerra, pero sobre todo, las prácticas de la paz, de la negociación y el papel que las mujeres jugaron en ello.
La guerra recrudecía más y más, y en diciembre una delegación de la Ruta se movilizó a Pavarandó, una vereda de Mutatá en el Urabá chocoano para acompañar a las mujeres de 49 comunidades que se encontraban desplazadas allí. Mujeres y hombres, pertenecientes a comunidades negras e indígenas habían tenido que huir dejando sus parcelas.
Cada paso de la Ruta en su recorrido por el país significaba un nuevo encuentro con la impunidad y así surgió la idea de hacer un tribunal simbólico para juzgar a los responsables de crímenes contra las mujeres, tanto los cometidos en la guerra, como los provenientes del contexto de la violencia intrafamiliar. En noviembre de 1998, las mujeres de la Ruta reunidas en Cartagena (5) denunciaron el horror de la guerra, las masacres y atrocidades que se cometen contra los hijos, hijas, esposas y madres de los asesinados; el desplazamiento forzado y la soledad de las familias obligadas a dejar sus territorios; la violación de las mujeres como estrategia de guerra y el impacto de la desaparición forzada.
Testimonio tras testimonio dos mil mujeres fueron haciendo un gran tejido con cintas de colores para simbolizar la verdad, la justicia y la reparación (6). Muchos de los casos denunciados, considerados como crímenes de guerra y delitos de lesa humanidad, fueron presentados ante la Corte Penal Internacional.
En 1999, en el marco de las negociaciones del gobierno Pastrana con las FARC, las mujeres de la Ruta fueron convocadas a hacer parte de las audiencias públicas en San Vicente del Caguán, pero se negaron a participar puesto que el esquema de negociación no permitía la participación real para la sociedad civil y los movimientos sociales y la agenda de negociación no incluyó el tema del acuerdo humanitario de todo el interés de la Ruta.
Ese mismo año, para conmemorar el día internacional de la no violencia contra las mujeres, la Ruta convocó a un segundo tribunal que se realizó de manera simultánea en varias ciudades del país.
Entre 1999 y 2002, representantes de la organización asistieron a los encuentros convocados por el ELN en la cárcel de Itagûí, Venezuela y Cuba con el objetivo de iniciar un proceso de diálogo entre esa guerrilla y el gobierno colombiano, pero la Convención Nacional propuesta por el ELN no tuvo eco, el proceso de paz se dilató y el país siguió sumido en la guerra.
A finales de los noventa Barrancabermeja vivió las horas más oscuras de su historia. La muerte y las desapariciones no daban tregua y las amenazas se cernían sobre todas las organizaciones, entre ellas las de mujeres. El miedo se apoderó del puerto petrolero sobre el Magdalena. En ese escenario nació la alianza entre la Ruta Pacífica de las Mujeres y la Organización Femenina Popular (7) (OFP) que rápidamente y debido a múltiples coincidencias políticas lograron juntar voluntades.
En mayo de 2000 la Ruta Pacífica y la OFP acordaron realizar una Ruta hacia Barrancabermeja y adherirse e impulsar el movimiento de mujeres contra la guerra con la propuesta de Mujeres de Negro.
En noviembre de ese año unas 1.200 mujeres se movilizaron a Barranca con el objetivo de contribuir a la sororidad (8) y la protección entre las mujeres, lo que significó para la gente del puerto un oasis de esperanza y la ruptura de un silencio que parecía inamovible.
Las amenazas y el hostigamiento a las organizaciones de mujeres arreciaron y el 8 de marzo de 2001 un grupo de paramilitares quemó la información que en conmemoración del Día internacional de la mujer la OFP había publicado. Durante varios meses las casas locales de la mujer y los proyectos locales de la OFP para atender población desplazada fueron amenazados. Frente a estos hechos se hicieron acompañamientos y denuncias internacionales que permitieron visibilizar los efectos del conflicto armado en las mujeres.
El 8 de marzo de 2001 la Ruta Pacífica recibió en Nueva York el premio Milenio de la Paz para las Mujeres, otorgado por el Fondo de Naciones Unidas para el Desarrollo de la Mujer (UNIFEM) y la organización británica Alerta Internacional como un reconocimiento de la comunidad internacional a las mujeres que luchan por la paz, la justicia y la equidad en todos los continentes.
En esta coyuntura se diseñó y puso en marcha la campaña Movimiento de Mujeres contra la Guerra y se realizó el Primer Encuentro Internacional de Mujeres contra la Guerra (9), que ha sido tal vez el más contundente acto de resistencia pacífica de las mujeres en Barrancabermeja. Dos mil mujeres de todos los rincones de Colombia y 20 países del mundo, con el apoyo de diferentes organizaciones internacionales como Las Locas del Brasil, las Mujeres de Negro de Belgrado y las Dignas de El Salvador, se desplazaron al puerto petrolero para expresar un no rotundo a la guerra y apostarle a la creación de un protectorado para las mujeres colombianas.
De Barrancabermeja la Ruta salió fortalecida como espacio de resistencia civil no violenta. La alianza con el Movimiento de Mujeres de Negro significó un paso fundamental para la organización ya que se logró la conexión con una corriente mundial de mujeres pacifistas que representan la más profunda ruptura con las formas tradicionales de expresión.
A principios de 2002 y ante el fracaso del proceso de diálogo del presidente Andrés Pastrana, las voces a favor de la guerra se agudizaron y las mujeres, convencidas de que la guerra nunca será un camino ni de construcción ni de solución, comenzaron a organizar una gran movilización hacia Bogotá para hacer un llamado a los guerreros e intentar hasta el último instante una solución política.
Cinco organizaciones acogieron el llamado: Ruta Pacífica de las Mujeres, Iniciativas de Mujeres por la Paz, Red Nacional de Mujeres, Mesa de Concertación Nacional de Mujeres y Organización Femenina Popular y, el 25 de julio marcharon por la carrera séptima de Bogotá y hasta la Plaza de Bolívar, 40 mil personas, la mayoría mujeres, unidas por la consigna: Las mujeres paz…harán.
Durante estos 10 años la Ruta ha tenido la capacidad de movilizar 17.000 mujeres para exigir la negociación política del conflicto colombiano y visibilizar el impacto de dicho conflicto en la vida de las mujeres. En este sentido, se podría afirmar que desde las sufragistas en los años cuarenta, la Ruta ha sido la propuesta de mujeres con mayor capacidad de movilización sistemática y permanente articulada a una propuesta programática.
La Ruta Pacífica ha planteado como uno de sus propósitos incidir en la construcción de imaginarios sociales que contribuyan a instaurar una cultura en la que las salidas políticas negociadas no violentas, sean parte integral de la vida cotidiana no sólo con el propósito de difundir que es posible terminar con la guerra vía la negociación política, sino también, de universalizar este mensaje y desarrollar la imaginación feminista suficiente como para hacer irrenunciable la construcción de una sociedad nueva.
(1) La denuncia fue realizada en un Consejo de Seguridad de Antioquia por una misionera de la Fundación Renacer en presencia del Gobernador de Antioquia y la subsecretaría de asuntos de género.
(2) La Organización Indígena de Antioquia había declarado a Mutatá como municipio verde y en neutralidad activa. Eulalia Yagarí jugó un papel fundamental para que la Ruta fuera respaldada en su movilización. Es considerada la encarnación de la Ruta por su feminidad, cultura, pacifismo y valor.
(3) Estas declaraciones fueron hechas por Zaida Salas en nombre de la Ruta Pacífica.
(4) Andes – Antioquia había dejado de ser, en pocos años, una próspera región cafetera para convertirse en el epicentro de las acciones guerrilleras y paramilitares. Los indígenas Emberá-chamí de esa región, se habían declarado en neutralidad activa. Comunidades enteras habían sido desplazadas o vivían bajo la zozobra de un ataque.
(5) Cartagena es símbolo de la libertad de Colombia y una de las principales receptoras de desplazadas y desplazados del país. Adicionalmente, todo el departamento de Bolívar padece de una devastadora violencia que ha desolado los más hermosos parajes con nombre de mujer: Marialabaja, Los Montes de María y Carmen de Bolívar, entre otros.
(6) El amarillo simboliza la verdad, el blanco la justicia, y el azul la reparación.
(7) La Organización Femenina Popular que tiene sus más profundas raíces en los barrios de Barranca fue la primera organización de mujeres colombianas en adherir al movimiento de Mujeres de Negro (1998). El movimiento de las Mujeres de Negro nació hace una década y fue iniciado por las palestinas e israelíes como una expresión de resistencia extendida por toda Europa y cuyo mayor impacto ha sido durante el conflicto de Bosnia.
(8) Sororidad es hermandad entre mujeres.
(9) Realizado en Barrancabermeja del 14 al 17 de agosto de 2001.